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De musas y sus silencios…   Leave a comment

    Te pintaré solitaria
    en la urna imaginaria
    de un daguerrotipo viejo,
    o en el fondo de un espejo,
    viva y quieta,
    olvidando a tu poeta

    Antonio Machado

El poeta albergaba en su mente un sinnúmero de palabras, flores, frases, perfumes y rimas. Todo esto lo ordenaba en su cabeza, y con lápiz lo llevaba al papel.

Apareció la majestuosa musa con su níveo vestido de finísimos encajes y sus fantásticas letras. Tenía una corona de oro, con versos inscritos en hermosa caligrafía árabe, y un inefable brillo en los ojos. Aquel era un brillo familiar, seguro estaba el poeta de haberlo visto en sus sueños primeros.

Ella era toda etérea, intangible y hermosa.

Para ti las rosas más bellas

Del melancólico jardín

En el que han crecido mis letras.

(… y quedó el poeta gris robándole sílabas al viento y acentos a la lluvia.)

El poeta creó palabras y lenguas nuevas

Para escribir con dulce refinamiento

A la linda musa que compartía sus letras.

Finalmente pensó el poeta,

Mientras caía la lluvia en su jardín,

Que aunque era una linda musa

Las musas también deben dormir.

Vio el poeta llegar, con su buche tornasolado, con una mancha en su pequeño y discreto pico, con su plumaje brillante y ceniciento una paloma. Traía consigo un mensaje para el viejo poeta:

“Mi admirado poeta, se equivoca. Las musas nunca dormimos. Siempre estamos bailando en mentes ajenas. Sólo que a veces hacemos un silencio ensordecedor con el objetivo de desesperar artistas y escritores que suelen lamentarse cuando se les va la musa… Pobres tontos, no saben que nos burlamos de ellos. “

(Que las musas no duermen, son ninfas que convidan a ahogarse en los arroyos del verso al poeta.)

La musa se esfumó entre la niebla que rodeaba el jardín. Burlado el poeta, se sentó a meditar. Volvían a crecer flores melancólicas en su vergel. Pero tenía una intención inquebrantable de ir en su búsqueda.

Las musas habitan la mente del poeta siempre, pensó. Se caló entonces una duda en su alma, que luego condujo a una idea, y finalmente a un deseo: si no le encontraba, deseaba que anidasen las letras y las rimas en su corazón y que fuesen el trino de su belleza.

(¡Que su estrella sea luz

En el firmamento

Y en las letras del poeta!)

Pensando en la promesa que encerraba su empresa y en el dolor del desdeño, brotó un verso de sus labios, con una inercia igual a la que llevan las corrientes enfurecidas del mar cuando chocan contra las rocas:


Seguro estoy de que si corta

Ese fino filo de tu diadema,

Pero sé, musa perversa, que el dolor

Aplacarías todo con tu belleza.

(Dejó que surtiera efecto

La mezcla de sentimientos.)

Fue así que partió la musa,

Le dejó sólo sus letras,

Y una ingravidez en el pecho

Al melancólico poeta…

(Que aún le busca entre la niebla).

- De una correspondencia poética…

De musa etérea e intangible.   2 comments

Debería ser prohibido
Tener esos ojos, lindos
Rubíes encendidos.
Debería haber un castigo
Por mostrarlos al mundo
Y dejarnos sumidos
En el verde infinito
De esos ojos divinos;
Por andar como princesa
De Isfahán. Tu belleza
Como de casida árabe,
Y de mística náyade
Que conduce al delirio
Debería ser prohibida,
Vedada; aunque sea un
Delirio dulce y bendito.

Emanuel Sánchez, Colaborador de Vientos Solares.

Publicado mayo 29, 2013 por Emanuel Sánchez en Árabe, Éterea, Café, Casida, Intangible, Isfahán, Musa, Poesia

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